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SILENCIO

Hoy es el mejor día para hablar de ellos. Os preguntaréis el porqué, pues vamos a ello.

Hoy 10 de abril cumplían años. Os preguntaréis quienes. Vamos a ello.

Mi tío. Hermano de mi madre. Hijo de mis abuelos Carmen y Antonio. Padre de mi primo. Murió, hace exactamente 16 años. Hoy cumpliría 52 años.

Os preguntareis por qué estoy contando esto después de tantos años. Muchos no lo sabéis y no lo vais a saber.

Es un tema muy tabú en mi familia y no me gusta hablarlo. De mi entorno lo sabe sólo una persona. Así que os vais a quedar con las ganas.

Julio. Julito. Él fue mi segunda pérdida, pero lo llevé como si fuese la primera. No estaba preparada y fue la primera vez que me daban un golpe así.

Fue justo un mes antes de cumplir los 18 años. Recuerdo que estaba hiperactiva, lo único que hacia era planear lo que iba a hacer ese día con mis amigos, con Julio.

Murió, yo siempre he dicho que por una negligencia del hospital. No estaba mal, simplemente cogió una gastroenteritis que derivó en una pulmonía. Pasó todo muy rápido. Nadie nos lo esperábamos, y eso es lo peor cuando muere un ser querido. Que no te den tiempo para prepararte, para hacerte a la idea.

Nunca te esperas algo así. Fue uno de los peores golpes. Cuando me lo dijeron me empecé a reír, creía que me estaban vacilando. Pero era verdad. Llegó su hora.

Fue un pilar fundamental en mi vida. No dejó de cumplir sus sueños y de crecer ni un solo minuto en su vida.

Hizo numerosos cortometrajes, consiguió entrar en la Escuela de cine. Hacía maravillas y nos dejó su huella en cada uno de ellos.

Tenía una predilección por el número 7, decía que era su número de la suerte. Y, efectivamente, ese número le llevó hasta lo más alto.

Dejó huella. Tanto que le llevo a flor de piel. Llevo un 7 tatuado.

Fue un golpe duro, para mi vida, para Alcobendas. Para todos. Julio dejó huella. Dejó silencio.

Luego llegó la pérdida de Álvaro. La suya sí nos la esperábamos. Fue una partida rápida. Silenciosa.

Dejó más silencio, más vacío.

Marco. La cuarta y más dura pérdida.

La que más me tocó y me hundió.

Mi mejor amigo, compañero de batallas. Confidente personal.

Cuando Marco dejó silencio, mi vida se fue a pique. Hasta el punto en el que no sabía qué hacer con mi vida, no sabía si quería salir adelante, no sabía si quería seguir con mi carrera, con mi equipo. No sabía nada.

En ese momento dije que tenía que salir adelante por él, por mi mejor amigo. Lo hice, he llegado hasta aquí por él. Le llevo a flor de piel, donde yo voy él me sigue.

Por él es ese tatuaje que tanta gente me pregunta.

Su pérdida la llevé fatal, estuve una semana sin dormir. Me sentía culpable.

Recuerdo perfectamente ese día, había quedado con él pero por unas cosas u otras no fue así. Tenía un compromiso familiar.

Murió solo. Cuando me llamaron diciendo lo que había pasado no me lo creía.

Me estuve culpando por lo ocurrido durante meses. Pensaba que si yo hubiese estado con él podría haber hecho algo, poder haber avisado a alguien, no sé cualquier cosa.

Hasta que llegó alguien y me dijo que dejara de culparme, que saliera adelante, que murió al instante y que no podría haber hecho nada.

Me costó meses, incluso un año en asimilarlo y comprender que no había sido mi culpa.

Lo hice, o eso creo.

Seguí mis sueños por él.

Dejé Madrid por él. Él sabía que mi sueño era vivir en Valencia y lo hice. Me fui, sin mirar atrás. Necesitaba vivir. Necesitaba aire nuevo.

Necesitaba encontrarme a mi misma y sobreponerme después de su pérdida.

Marco dejó el mayor silencio que os podéis imaginar.

A día de hoy, ese silencio todavía sigue.

Muchos se preguntarán ¿Qué es el silencio?

El silencio es aquello que yo llamo vacío, el perder a un ser querido. Porque cuando desaparecen esas personas de tu vida dejan eso, silencio.

Ese silencio ensordecedor que quieres que se llene a toda costa.

Pero también llamamos silencio a estar tranquilos, eso que necesitamos para pensar, para muchas veces encontrarnos a nosotros mismos.

Ese silencio que en muchas ocasiones es necesario pero no nos damos cuenta porque vivimos en modo automático. Pero cuando nos paramos por un momento sabemos valorarlo.

Esa controversia entre el silencio bueno y el silencio malo.

Ese silencio que es sinónimo de perdida.

Ese silencio que es sinónimo de ganancia.

Muchas personas nacen silenciosas y tienen el don y la facilidad de escuchar ese silencio cuando más lo necesitan. En cambio, otras, nacen ruidosas, pero las perdidas les hacen silenciosos poco a poco, aprenden a estar solas. Aprenden a valorar lo que tienen y lo que son.

Gracias a esas personas está el dicho de ‘las pérdidas son ganancias’. Porque esas perdidas nos hacen darnos cuenta del silencio que no aprovechamos, de la soledad que muchas veces necesitamos. Y, sobre todo, nos enseñan a vivir al máximo, a dar lo mejor de nosotros en todo momento. Porque la vida son dos días y vamos por el segundo.

 
 
 

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