top of page

SOBRE RUEDAS A LA PISTA

Hockey en silla de ruedas eléctrica. También conocido como HSRE o Powerchair Hockey en inglés.

Fue curiosa la historia de como descubrí este deporte, así que os la voy a contar.

Antes de nada debéis saber más datos para comprender esta historia.

Tenia una mejor amiga. Cristina. Tetrapléjica. Con traqueotomia. Éramos uña y carne. Ella iba a unos campamentos mucho antes de conocerme. Por casualidades de la vida, o más bien del colegio, nos conocimos y nos hicimos inseparables.

Ambas teníamos y tenemos traqueo, las dos teníamos una gastrostomía. Una gastrostomía para los que lo desconocéis es una sonda por la que nos administraban los alimentos. Y, por supuesto, las dos íbamos en una silla de ruedas. Estas tres cosas nos hicieron inseparables.

Mientras nuestros compañeros de clase estaban en el comedor comiendo, Cris y yo estabamos en la enfermería, comiendo tambien. Era divertido, porque nosotras comiamos mientras nos reiamos a carcajadas por cualquier chorrada.

Un bonito día, nuestros padres empezaron a hablar del verano y de los padres que tenían, ahí fue cuando mi madre descubrió aquellos campamentos a los que iba Cris años tras año y a los que proximamente iriamos mi hermana y yo.

Los campamentos de Aspaym, situados en un pueblo llamado Cubillos del Sil. El campamento más increible al que he ido y donde he conocido a gente que hoy por hoy puedo llamar VIDA.

Fuimos 3 años juntas a ese campamento, donde tenemos los mejores recuerdos y amigos/as que os podeis imaginar.

Terminamos el colegio, era hora de pasar al instituto. Ahí fue donde nos separaron. A Cris la mandaron a un colegio de Educación Especial, porque alguien en este remoto mundo decidió que era lo mejor para ella, pero estaba muy muy equivocado. Y a mi me metieron en un Instituto público de integración.

Desde ese momento perdí todo contacto posible con Cris, no volví a saber absolutamente nada de ella. Hasta que un día mi hermana me dio la sorpresa de mi vida en un cumpleaños.

En mi 19 cumpleaños, donde sin yo esperarmelo la ví. La ví pero no pude articular palabra, estaba super impresionada. Lo único que hice fue llorar y decirla que estaba deseando verla.

Pero ella no me respondió, me hablaba su padre en vez de ella. Ella no era capaz de hablar por si misma, eso o que el padre no la dejaba. La ví tan deshecha, digo deshecha porque la persona que había sido Cris en esos años de colegio ya no estaba.

La habian transformado por completo.

Y justo en esos momentos me acordé de las miles de travesuras que haciamos. Recordé aquel día en el que le dieron la primera silla electrica a Cris, la manejaba con la barbilla. Decidimos hacer una carrera por los pasillos del colegio, Cris no calculó bien las distancias y se chocó con una puerta, se rompió un pie.

No la dejaron volver a coger la silla eléctrica hasta un mes después.

Volvemos al 2009. Ese año unos amigos de Burgos que conocimos mi hermana y yo en el campamento nos dijeron que venían a Madrid a jugar un partido de Baloncesto en silla de ruedas, fuimos a verles. En el descanso del partido salieron a hacer una exhibición los que en ese momento eran jugadores del Masclets.

El Masclets es el equipo de Hockey de Valencia. Un año después, en 2010, pasó a llamarse Levante UD Masclets.

Me quedé flipando con ese deporte, pero me fui a jugar con mis amigos. A los 10 minutos mi hermana me dijo que si no me interesaba ese deporte, que era algo a lo que yo podía jugar, y tenía razón. Nos acercamos a hablar con los que estaban ahí del hockey.

Ahí les conocí. Julio, Álvaro, Jesús y Alejandro. Junto con sus madres y padres. Empecé a hablar con ellos sobre el hockey y Julio me contó que lo había descubierto por internet y que se había puesto en contacto con ellos para que vinieran a Madrid para hacer una exhibición. Y ahí estaban.

Desde ese día, empezamos a mover cielo y tierra para crear el primer equipo en Alcobendas, nos pusimos en contacto con el CEDI, la escuela de deportes de la Universidad Complutense, nos ayudaron a organizar una jornada de hockey en un polideportivo de Alcobendas, el que más tarde iba a ser nuestro polideportivo.

Todo esto no hubiera sido posible sin nuestras familias, también llamados nuestras VIDA.

Ahí empezó mi andadura en el hockey.

En esas jornadas se presentaron personas de todas partes de Madrid, ya que el CEDI había puesto los carteles en todos los colegios, institutos, residencias, en sitios que menos os podeis imaginar.

Ese día hicimos dos equipos, jugamos un partidillo entre todos los que estábamos. Conocía a Julio, Alvaro y Mikel.

Ese día se unió a nuestra aventura Marijose, nuestra futura entrenadora. Recién salida de la carrera. Recién salida del horno, lista para embarcarse en esta aventura con nosotros.

A partir de ahí se creó el equipo que tanto me ha dado. El Club Patín Alcobendas.

Éramos 10 integrantes:

Álvaro. El caballero. Mejor portero.

Marco. Mi Marco. Mi mitad imprescindible

Álvaro. El portero paquete.

Julio. Julito. El mejor defensa hasta el momento.

Mikel. El que quería jugar partidos en todo momento. Ahora también conocido como el portero de la selección española. Mi pesadilla personal.

Víctor. El rubiales. El guapo del equipo. Defensa, portero, lo que sea.

Raúl. Nuestro Stick de mano. El rastudo del equipo.

Alex. Nuestro capitán. El cabecilla del grupo.

Marijose. Nuestra entrenadora. La que nos iba a acompañar hasta la cima de este deporte.

Y yo. La única chica del equipo.

Éramos los creadores del Club Patín Alcobendas. El primer equipo de la Comunidad de Madrid.

Un año más tarde fuimos a nuestro primer campeonato de España, que se celebraba en Murcia.

Fuimos seis, ya que nos lo teníamos que pagar cada uno de nuestro bolsillo. Quedamos subcampeones.

En aquel entonces sólo éramos tres equipos en toda España y al equipo del Levante UD Masclets le descalificaron por no tener las sillas en regla. Por lo que sólo quedábamos AMB y Alcobendas.

Me acuerdo que lo celebramos a lo grande, era nuestra primera copa de plata. Abrimos una botella de cava y nos las bebimos entre todos los integrantes del equipo. Fue el momento más emocionante que recuerdo.

Estábamos unidos, contentos y un poco borrachos.

En ese campeonato vimos de lo que éramos capaces de hacer y de cómo era competir a otro nivel.

Ya no eran simples entrenamientos, estábamos creciendo a pasos agigantados.

Fueron pasando los años, entrenando y jugando todos los Campeonatos de España, en los que durante 4 años consecutivos fuimos subcampeones de España.

Hasta que llegó nuestro año, aquel año que quedamos campeones, en nuestra propia casa. En Alcobendas. Ese año en el que éramos una familia gigante, ese año en el que nada más darnos la copa se nos cayó al suelo y se rompió en pedazos.

Fue nuestra única copa de oro ganada como Alcobendas. Y sí, estaba rota.

Durante dos años más seguimos quedando subcampeones de España.

En 2014 llegó nuestro peor golpe. Nuestra primera pérdida.

Julio había muerto. Sí, voy a hablar de muerte, creo que es importante hacerlo y ser conscientes de lo que es.

Era un domingo, teníamos entrenamiento con la selección madrileña. Eran las 9 de la mañana, yo seguía durmiendo cuando me despertó mi madre dándome la peor noticia.

Julio había muerto, mi compañero de charlas que dábamos sobre el Hockey, compañero de este equipo que lo creamos entre los dos, junto con Álvaro y nuestras familias.

Murió un 7 de septiembre. No sabemos si fue casualidad o no. El 7 era su número de la suerte. Todos los cortos que hizo salían un día 7, incluso uno de ellos lleva el 7 en su título.

Un par de años más tarde entré en la selección española para ir a jugar el Europeo de Holanda. Me dieron a elegir un número para mi dorsal. ¿Sabéis qué número elegí? El número 7.

Es un sueño que teníamos. Llegar a jugar con la selección española.

Lo conseguí, pero tenía que estar con Julio. Era un sueño que teníamos juntos, tenía que cumplirlo junto a él y qué mejor que llevando su número a la espalda.

Así fue, una de las mejores experiencias en el hockey. No jugué, jugué cinco minutos contados, pero me daba igual. Estaba en Holanda, dentro de los 10 mejores jugadores de España que había en ese momento.

Quedamos octavos de ocho equipos, pero demostramos de lo que éramos capaces.

La historia vivida con Julio os la contaré más adelante, pero quedaros con esto. Julio fue la primera pérdida a la que llamo VIDA.

Seguimos creciendo. El hockey siguió creciendo, se crearon más equipos en España. 3 equipos en Barcelona, 2 en Madrid y 1 en Valencia.

Ese año justo se me rompió la silla de hockey y lo mejor que pude hacer fue llevar la de Julio que me llevó hasta lo más alto dentro de este deporte. Alcobendas ese año fue empicado, quedamos cuartos en el campeonato de España de ese año.

Se nos había ido uno de los pilares fundamentales de este equipo. Mi vida estaba destrozada.

Dos años más tarde, en 2016. Llegó nuestra segunda pérdida.

Álvaro. El caballero del equipo.

Su partida la llevé mejor, es algo que todos esperábamos. A veces las enfermedades degenerativas es lo que tienen, te van preparando.

Jugó sus últimos minutos unas semanas antes de morir. Y lo hizo como él sabía.

Le tiraron en el último minuto, pero era un tiro de estos que es imposible parar. Pero él lo hizo, se la paró. Recuerdo que fue la parada más ovacionada de todo el campeonato, porque todos de una manera u otra nos veíamos venir lo que iba a pasar.

Luego vino la pérdida de Marco. Mi peor pesadilla se hizo realidad. Mi mejor amigo murió. Me tiré una semana sin dormir. Recuerdo cada segundo de esa semana infernal.

Desde ese momento mi estancia en Alcobendas fue de mal en peor. Marijose decidió dejar el equipo entró otro entrenador. Juan Carlos, dio y da lo mejor de sí mismo pero no ha vivido el hockey con la misma intensidad que lo habíamos vivido nosotros. Para mí no era lo mismo.

Para mi fue lo peor, no tenía a Marijose, uno de mis mayores apoyos dentro del equipo, acababa de morir Marco. Mi chip cambió. Necesitaba salir del equipo, todo me recordaba a ellos.

Tres años después se volvió a retomar los entrenamientos con la selección, ese mismo año conseguí salir de Alcobendas. El equipo que tanto me ha dado pero también me ha quitado.

Me fui, necesitaba aires frescos y fue una de las mejores decisiones que he tomado. Volví a tener la misma energía jugando al hockey. La misma vitalidad. Volví a disfrutar del hockey.

Llegó la selección, nos fuimos al clasificatorio que se disputaba en Praga. La mejor experiencia. Ganamos, quedamos campeones. Nos clasificamos para ir al europeo de Finlandia. Me dieron mi primer premio como MVP. Hice historia, fui la primera jugadora con T-stick en marcar el primer gol con doble puntuación.

Jugamos limpio, dimos caña hasta el final, pero ante todo fuimos humanos. Jugamos un amistoso contra Eslovenia. Jugué con la selección eslovena, les faltaban jugadores y me ofrecí. Una de las mejores experiencias vividas.

Fuimos un ejemplo. Mi ejemplo. He vuelto a ser yo dentro de este deporte. He aprendido a mirarlo con otros ojos. Y todo gracias a ellos. Gracias al Levante UD Masclets.

Gracias a mi VIDA.

Todos y cada unos de los momentos que he vivido dentro de los equipos que he estado me han enseñado.

Todas y cada una de las personas que han formado parte de esta aventura me han enseñado.

 
 
 

Comentarios


bottom of page